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Noticias 2016-06-07 19:09

Recordará el INBA al artista plástico Enrique Guzmán en el 30º aniversario de su fallecimiento

Recordará el INBA al artista plástico Enrique Guzmán

en el 30º aniversario de su fallecimiento





o Uno de los creadores icónicos del neomexicanismo, quien se suicidó en 1986



o Comentarán su obra Teresa del Conde, Luis Rius y Erik Castillo



o El sábado 11 de junio al mediodía en el Museo de Arte Moderno





El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) recordará a uno de los artistas plásticos mexicanos más representativos de la segunda mitad del siglo XX: el tapatío Enrique Guzmán, al cumplirse 30 años de su fallecimiento.



Para ello, se reunirán en una mesa de reflexión y análisis los especialistas Teresa del Conde, Luis Rius y Erik Castillo, moderados por Magdalena Zavala, coordinadora nacional de Artes Visuales del INBA, el sábado 11 de junio a las 12:00 en el Museo de Arte Moderno, recinto que resguarda algunas de sus obras.



Enrique Guzmán (Jalisco, 1952-Aguascalientes, 1986) es considerado pionero del llamado neomexicanismo en la pintura y reconocido como uno de los más notables y controvertidos artistas plásticos de la segunda mitad del siglo XX en México.



Su obra se caracterizó por proyectar la depresión y las inquietudes de los jóvenes de los años sesenta y setenta, con figuras como la navaja, la playa y la bandera, así como por mujeres, zapatos, habitaciones solitarias y laberintos mentales, que provocan en los espectadores diferentes sensaciones que apelan a lo irracional, abordadas con un característico eclecticismo y logradas soluciones pictóricas.



Estudió en el Centro de Artes Visuales de la Casa de la Cultura de Guadalajara y luego, en la Ciudad de México, en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda del INBA. Su primera exposición individual fue Preguntas y sorpresas (Galería Pintura Joven, 1973).



En 1969 recibió un premio de adquisición por la obra Desmembramiento en el Cuarto Concurso Nacional para Estudiantes de Artes Plásticas, y en 1972, el primer premio de adquisición de la séptima edición del certamen por el cuadro Conocida señorita del club. En 1978 representó a México en la Cuarta Trienal de Arte Mundial de Nueva Delhi.



En abril de 1986 expuso en la Casa de la Cultura de Calvillo, Aguascalientes, y en la Galería Gabriel Fernández Ledesma de la capital de esa entidad. Su vida, llena de altibajos emocionales, finalizó con su suicidio el 8 de mayo de ese mismo año.



Al artista se le vinculó con diversos movimientos plásticos del país, como la Ruptura y el neomexicanismo, y cobró relevancia por colocarse, a sus escasos 20 años de edad, como un pintor consumado con propuestas a contracorriente que, sin embargo, marcaron nuevas rutas para la expresión plástica en el país.



No obstante, a ocho años de su irrupción en el medio, se alejó de los círculos sociales por distintas causas, entre las que prevalece su percepción de la vida como un camino hacia la fatalidad, atribuida casi siempre a la hostilidad del medio y no tanto a su frágil equilibrio existencial, cuyas crisis metaforizó en su obra.



La crítica de arte Teresa del Conde ha calificado a Enrique Guzmán como “pionero del nuevo mexicanismo”, debido a que su obra reflejó las inquietudes de los jóvenes de su tiempo y a los temas que abordó, sus soluciones pictóricas y su eclecticismo estilístico.



Para el también crítico de arte Luis Carlos Emerich, “el suicidio de Enrique Guzmán en 1986 añadió a la lectura de su obra pictórica la implicación de un presagio cifrado. Esto no sólo estimuló su entrañamiento emocional, sino que tal calidad predictiva se extendió a la de visionario, al ir reconociendo su influjo sobre las tendencias figurativas surgidas en México en los años ochenta”.



A decir del especialista Carlos Blas-Galindo, Guzmán fue precursor en la utilización irreverente y subversiva de imágenes populares civiles y religiosas, y de símbolos nacionales: “Abrevando en distintas corrientes (el dadaísmo, la pintura metafísica, el surrealismo y el arte pop) y con una cruda visión de la existencia, Guzmán creó una obra mexicanista de gran trascendencia”.



Por su parte, Olivier Debroise escribió que Guzmán “fue uno de los pocos pintores interiores en nuestra época de gritos, manifiestos y desplantes: sólo podría equipararlo con Agustín Lazo, saturniano como él, afecto también a los símbolos, a las metáforas visuales y a las yuxtaposiciones irónicas con las que intentaba mostrar el desgaste de la insatisfacción”.

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