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Libros 2015-05-22 12:54

Solsticio de infarto reune varia creacion y testimoniales de Jorge F. Hernandez

Publicado por Almadía



Solsticio de infarto reúne varia creación y testimoniales de Jorge F. Hernández







ï‚· Un percance cardiovascular abrió en el escritor y periodista



un ciclo de reflexión sobre los más diversos temas



Que haya azar, sin destino, así traduce el escritor Jorge F. Hernández,



el milenario principio chino: “Yuanfen”, en su libro Solsticio de infarto,



editado por el sello Almadía.



Ese inmaterial capricho de la existencia sostiene a los textos que



forman esta antología. Dos años de artículos publicados



semanalmente en la columna Aguas de azar que apareció durante 15



años en el periódico Milenio.



Yuanfen sugiere la libertad de todo para ser, aparecer o



desaparecer. Es un principio que manifiesta rotundamente el germen



de lo vital que se aplica a aquello que es. “Yuanfen la sincronía con la



que un lector se vuelve semejante e incluso corresponsal de un autor



admirado, aunque el destino y demás circunstancias determinen que



ambos han de permanecer separados. Yuanfen es en la mayoría de



los instantes precisos en que se ven por primera vez en el universo



dos seres que han de amarse eternamente”. Sí, ese hilo que enreda



nuestras existencias se corta en cualquier instante, no es destino, es



azar.



A voluntad de la fortuna, o chiripa, o serendipia, se le entregan a



Jorge F. Hernández los misteriosos vínculos de todos los temas. La



intertextualidad de la realidad y la existencia. Solsticio de infarto, se



asemeja a una excitante tómbola que nos entrega, análisis, ensayos,



despedidas, lances anecdóticos, fulguraciones de la revelación.







Desde el inocente ensueño de los dibujos animados, en el que la



imaginación de todos descansa y se deleita, despega el texto Medio



siglo en piedra. Hernández describe dando vida nuevamente a los



personajes y el mundo de Los Picapiedra, añora y con él nosotros, la



sencillez de esa vida, las brontohamburguesas, la amistad afable, la



infancia eternizada de Pebbles y Bam-bam. El transporte que no



contamina porque son los pies los que impulsan, el lavavajillas que es



la trompa de un elefante, el trabajo en la cantera…El trabajo en la



cantera, picando piedra, súbitamente ese universo imaginario ya no lo



es. Es la cotidiana realidad, es la condición humana, es el mito de



Sísifo…



La mitológica Fama ha sido representada, a veces, sosteniendo



dos trompetas, esto se debe a que puede pregonar o hacer público



tanto lo verdadero como lo falso. En su artículo, Perder la cabeza,



Jorge F. Hernández explora uno de los grandes temas de nuestros



días, estridente y por lo mismo grosero, el de la fama acompañada de



la impostura.



¿Qué hizo para ser famosa Alicia Esteve? No era actriz, no era



una figura pública. Empezó por cambiarse el nombre, y después se



situó en una de las más terribles escenas del siglo que corre:



septiembre 11. Esta inquietante radiografía de la mentira, incita al



lector a aceptar que esta nuestra sociedad se encuentra fuertemente



movida y motivada por la celebridad instantánea, a tal grado que es



sencillo aceptar o incluso permitir el engaño fácil.



Ralph Waldo Emerson un día se fue a vivir en los bosques, a



reconquistar a través de la naturaleza, su humanidad. Anthony Horton



hizo lo mismo, según nos relata Jorge F. Hernández en su pieza



Siempre carga una luz. Reafirmó que era humano en otro bosque, el



de los túneles subterráneos del Metro neoyorquino. A pesar de ser



considerado un sin hogar, Horton supo construirse uno en los oscuros



y misteriosos meandros de una selva profunda. No era un vagabundo,



era un artista, coautor del libro Pitch Black, una novela gráfica en la



que legó su mirada, su estancia en esta tierra oscura para millones.



Perviven sus recomendaciones para subsistir en cualquier circunstancia: todo se puede encontrar en medio de la basura.



Siempre carga una luz.



El solsticio es una cúspide suspendida, el Sol que se detiene



engolosinado en su poder y reino; el fenómeno se replica en el



microcosmos que es el cuerpo humano, y así nos hace circular el



escritor en Solsticio de infarto por el torrente del instante en que el



corazón estalla y la vida se va en sentido contrario: hacia la muerte.



“Tenía en las manos unos hermosos párrafos de un amigo escritor que



narraba el eterno retorno al Parque del Retiro en Madrid, la



continuidad de los parques de mi infancia en Washington y pensaba



sin poder creerlo que me iría con la palabra felicidad en los labios…”



Después de la parálisis el tiempo recomienza, y todo vuelve a ser



nuevo, y la intensidad de lo inmensamente pequeño se recupera.



“El desgarro del infarto provocó una suerte de despedida de mí



mismo”. A todo solsticio le corresponde un equinoccio, oscuridad



pasmada, alargada, los juegos de luz entre uno y otro se evidencian



en el acontecer de este escritor. Para recuperarse hay que dejarse ir.



Volverse nuevo. “Es un equinoccio emocional y cursi…no cambio de



estación, sino de vida. Atardecer del amanecer, escalera norte de una



pirámide, la cara de perfil al Sol.”. Es el inventario íntimo y honesto



que hace Hernández en Equinoccio emocional”.



Todo parece finito, pero las líneas que se cruzan y se enredan



en el universo que es la memoria son eternas e infinitas. Solsticio de



infarto, es un libro arterial, torrente que estalla y se bifurca en las



calles que son la vida. Adioses, nostalgias, re-conocimiento,



elecciones, música y estaciones.

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