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Libros 2018-02-21 09:48

Amparo Dávila celebra 90 años de vida

Amparo Dávila celebra 90 años de vida



ï‚· La autora del Árboles petrificados es considerada una de las mejores

cuentistas mexicanas



Amparo Dávila (Pinos, Zacatecas, 21 febrero, 1928) no cree en la literatura hecha

con sólo imaginación o a base de inteligencia pura, sino en la literatura vivencial, la

que comunica la clara sensación de lo conocido, de lo ya vivido, lo que hace que la

obra perdure en la memoria y en el sentimiento.





La obra literaria de la autora que cumple nueve décadas de vida, plantea una

realidad oculta a través de una mezcla entre lo real y lo fantástico construida sobre

la locura, el amor y la muerte, temas que ha desarrollado.





Considerada una de las mejores cuentistas mexicanas de la mitad del siglo

XX, Amparo Dávila expresó en un homenaje por sus 80 años que ha vivido el

quehacer literario como una parte de sí misma, como una necesidad ineludible de

expresión, nunca como una fría y rutinaria profesión, sino como una larga y terca

pasión, hacia la cual ha sido una amante inconstante, pero fiel.

Sus primeras obras literarias fueron los poemarios Salmos bajo la luna (1950),

Perfil de soledades (1954) y Meditaciones a la orilla del sueño (1954). En el género

de cuento destacan los títulos Tiempo destrozado (1959), Música concreta (1964),

Muerte en el bosque (1985) y Árboles petrificados (1977), con el que obtuvo el

Premio Xavier Villaurrutia.

La autora ha manifestado que nunca se interesado en escribir una novela,

sólo crear cuentos y poesía, los cuales exigen mucho rigor. “Disfruto por igual los

dos géneros, que siempre brotan en mí por necesidad”.

Son varios los cuentos de la autora zacatecana donde utiliza la ambigüedad, y

las historias paralelas de lo evidente y lo oculto. La paranoia y el miedo en el que

viven sus personajes los llevan a participar en actos siniestros, ya sea como

ejecutantes o como seres que padecen y aceptan lo ominoso como una forma de

vida o un destino.



Estudiosos de la obra de Amparo Dávila señalan que ésta tiene influencia de

Edgar Allan Poe, Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Juan José Arreola y Julio

Cortázar; que creó una literatura poblada de mujeres enamoradas, viudas, esposas,

solteronas, hijas, madres y hermanas, reuniendo en sus cuentos un conjunto de

atmosferas sombrías donde lo siniestro acecha cada párrafo, y el realismo cotidiano

transita a los límites de la locura.

La escritora, considerada una de las pocas cuentistas cuya literatura parece

rebasar la realidad sin entregarse por completo a la fantasía, vivió su primera

infancia en Pinos, Zacatecas, pasando largas horas en la soledad del campo y

experimentando el miedo, otro tema constante en su narrativa, mezclándose en ella

los acontecimientos vividos y su inventiva.

"Una mujer vestida de blanco, con una vela encendida, muy pálida y sin ojos,

buscaba algo a través de la larga noche, crujían las puertas y los muebles, pasaban

sombras, bultos, se oían voces, suspiros, quejidos, y un hombre con una pierna de

palo golpeaba sordamente al caminar, entre los aullidos del viento, la música de los

fonógrafos y las carcajadas de las prostitutas en el callejón", es un ejemplo de su

creación.

La familia se fue a vivir a San Luis Potosí donde Amparo Dávila estudió la

primaria, la secundaria y el bachillerato en colegios de monjas, ahí descubrió la

palabra escrita y la lectura perturbadora. Posteriormente en la Ciudad de México se

encontró con la narrativa, y entre los años 1956 y 1958 trabajó como secretaria de

Alfonso Reyes.

En nota introductoria de un material de lectura editado por la Universidad

Nacional Autónoma de México, Luis Mario Schneider (1931-1999) escribió que el

mundo de Amparo Dávila es siempre uno y lo maravilloso es que ese sólo mundo

es polifacético y diverso.

“Su escritura nace siempre de lo cotidiano, de lo modesto, de lo sin nombre,

pero que poco a poco, sin nerviosismo, sin intranquilidades va recorriendo un lento

camino hacia lo insólito; es una ruta al erizamiento. Una naturalidad que a veces sin

darnos cuenta estamos habitando el sobresalto, la angustia, la desesperación,

especialmente el terror.



“[…] Creo que los cuentos de Amparo Dávila no son sólo literatura, sino una

profunda investigación en el campo de la ética, del comportamiento humano.

Narraciones de detalles donde hasta el más ínfimo acontecimiento colabora para la

realización total, apoyado en un lenguaje ceñido, preciso, elemental”.

La autora de Tierra adentro, Luis Iglesias Arvide (Ciudad de México, 1986), en

carta que leyó a Amparo Dávila en febrero de 2017 en la jornada Mujeres de letras,

describió su obra como una prosa impecable y de un estilo incatalogable.

“Maestra querida, usted me enseñó desde niña que había otra manera de

desafiar al mundo, de reconstruirlo contando historias; sin tener más miedo que el

de nuestras propias creaciones. Me mostró que es posible aprehenderse de un libro

y transformarlo en la única arma que quiero sostener en esta vida: la imaginación.

Gracias por crearnos otros universos, gracias por todos los aterrados desvelos, por

la locura; por ser nuestra heroína”.

Tras leer Tiempo destrozado, Julio Cortázar aseguró le impresionaba la

madurez y el rigor literario en temas y tratamientos de su primer libro.

Para Alberto Chimal, Amparo Dávila es una de las cuentistas más sutiles y

extraordinarias, en cuyas historias nunca hay la ruptura violenta de una imagen

para que otra más extraña o caprichosa se revele.

Tiempo destrozado se publicó en el Fondo de Cultura Económica en 1959, su

reimpresión tardaría 44 años, lo mismo sucedió con Música concreta y Árboles

petrificados, que tienen respectivamente 38 y 24 años de distancia entre la primera

y segunda edición.

En 2009 se publicó en el FCE su obra completa en Cuentos reunidos (2009),

incluyendo un nuevo libro de cuentos, Con los ojos abiertos, integrado por cuatro

cuentos y una crónica: La casa nueva, El hotel Chelsea (Breve crónica de una larga

noche), Estela Peña, Radio Imer Pous 94.5 y Con los ojos abiertos.

La voz de la escritora zacatecana que se negaba a integrarse a ningún grupo

específico ni hacer carrera para ganar fama, renombre o dinero, se revaloriza y se

convierte en una voz inolvidable e imprescindible de la narrativa latinoamericana,

con sólo el poder de su propia voz literaria.



Amparo Dávila, quien recibió la beca del Centro Mexicano de Escritores en

1966, es una de las autoras más antologadas; varios de sus relatos aparecen en

recopilaciones hechas en alemán, francés, inglés e italiano.

El crítico literario Emmanuel Carballo (1929-2014) incluyó algunos de sus

cuentos en su compilación El cuento mexicano del siglo XX, mientras que el editor

argentino-canadiense Alberto Manguel hizo lo propio en su antología de escritores

latinoamericanos.

El autor de Protagonistas de la Literatura Mexicana señaló que los cuentos de

Amparo Dávila ofrecen una visión del mundo en la que la lógica cede sitio al

absurdo, el orden al caos, el tiempo cronológico al tiempo subjetivo, donde la

imaginación corre desbordada. “Son relatos vividos y creados con la honradez que

les vale la originalidad. Reflejan realidades probables y profundas”.

El nombre de Amparo Dávila está en la lista de zacatecanos ilustres que han

hecho invaluables aportaciones a la cultura del país, entre quienes se encuentran

Ramón López Velarde, Mauricio Magdaleno, Francisco Goitia, Julio Ruelas, Manuel

M. Ponce, Manuel Felguérez y Roberto Cabral del Hoyo.

DAF

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