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Noticias 2015-06-08 18:46

ESTUDIOS CONTRIBUYEN A REIVINDICAR LA IDENTIDAD PAME

ESTUDIOS CONTRIBUYEN A REIVINDICAR LA IDENTIDAD PAME



*** La historiografía ha vuelto la mirada hacia este grupo indígena, cuyas últimas publicaciones



datan de los años 80



*** Hugo Cotonieto Santeliz, antropólogo del INAH, ha ido esclareciendo en la última década el



concepto que los xi’iuy’ y xi’ói’ mantienen de su territorio



Los pames del norte, xi’iuy’, y los pames del sur, xi’ói’, de San Luis Potosí entraron al nuevo



milenio experimentando un proceso de reivindicación de su identidad, arraigo vinculado con una



idea muy particular de lo que es el territorio y que el antropólogo Hugo Cotonieto Santeliz, del



Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha ido esclareciendo en la última década.



Hugo Cotonieto es de los pocos investigadores que ha retomado el estudio sobre este



grupo indígena, ya que, en sus palabras, la historiografía parece haberse detenido en los años



80, periodo del que datan las últimas publicaciones sobre el tema. Tomando en cuenta la visión



de los pames sobre un espacio que consideran indivisible, los estudiosos han vuelto la mirada



hacia ellos.



El interés del antropólogo del Centro INAH San Luis Potosí es conocer cómo se



“articulan” las comunidades pames. La construcción de la territorialidad juega un papel central en



esta cohesión social, pues si bien hay variantes dialectales entre la pamería del norte y la del



sur, “se observa una continuidad respecto a la representación del territorio y de los rituales,



desde Ciudad del Maíz, municipio límite con Tamaulipas, hasta poblaciones sureñas como Santa



María Acapulco, próximas a Querétaro”.



En el contexto prehispánico, explicó, los pames se desplazaban y ocupaban espacios de



un extenso territorio mucho más al sur, desde Zimapán (actual estado de Hidalgo) hasta la parte



media de Guanajuato y Querétaro. “En estas regiones ya no hay pames, excepto en San Luis



Potosí”, anotó el autor del libro No tenemos las mejores tierras, ni vivimos en los mejores



pueblos, pero acá seguimos. Ritual agrícola, organización social y cosmovisión de los pames del



Los pames, xi’ói’ y xi’iuy’, palabras que los autodefinen como los “verdaderos hombres”,



comenzaron a verse fuertemente presionados con la llegada de los conquistadores españoles.



Éstos los consideraban entre los grupos chichimecas; aunque su “pacificación” no fue tan



complicada, la resistencia que mantuvieron permitió su subsistencia, a la par que iban siendo



orillados al norte de su territorio.



Según lo consultado en fuentes, se les replegó incluso al sur del hoy estado de Nuevo



León y ciertas áreas de Tamaulipas. El largo periodo colonial representó “un estira y afloja



continuo”, comentó Hugo Cotonieto. Los misioneros franciscanos lograron congregar a unos



cuantos en pueblos, pero muchos pames huían hacia los montes, en lo profundo de la Sierra



Gorda de Querétaro.



“Antes de esta época los pames nunca habían vivido congregados en pueblos, eran



grupos más bien seminómadas, con circuitos de ocupación en algunas zonas”, explicó el



antropólogo.



Aunque dispersos en suelo potosino, con una presencia importante como en el caso del



ejido La Palma (municipio de Tamasopo), donde se concentra una treintena de comunidades, los



pames mantienen una identidad ligada al territorio que, a su vez, se articula con un calendario



ritual.



“El costumbre” (tradición), herencia de sus antepasados y sustento de la identidad étnica,



se guarda con celo en lugares del municipio de Santa Catarina, como Santa María Acapulco y La



Compuerta. En el ejido de La Palma destaca la tradición que se mantiene en Agua Puerca y La



Manzanilla. “En Ciudad del Maíz y en Alaquines, donde se ha dado un proceso de mestizaje,



permanecen comunidades netamente pames.



“En Agua Puerca las delimitaciones territoriales son los cerros y montes, donde hay una



serie de mojoneras, en las que se lleva a cabo actividad ritual constante, sirviendo al mismo



tiempo como marcas de inclusión y exclusión respecto de los pueblos mestizos, no así de otros



ranchos indígenas como La Manzanilla, de donde llegan a ofrendar a los cerros de Agua Puerca.



“A partir de esta concepción local de territorio, se considera que la sierra es el lugar



donde habitan los indígenas, en contraste con los valles y planicies donde están los pueblos



mestizos, el ‘afuera’ respecto del territorio donde se reproduce la comunidad pame”, explicó el



experto.



En esta configuración espacial, intervienen concepciones donde el mundo está dividido



en tres ámbitos existenciales: “el mundo de arriba”, la tierra y “el mundo de abajo”. “Esos



espacios se dinamizan con el movimiento del tiempo, concebido como una secuencia de



estaciones y temporadas cuya lectura sirve para organizar el trabajo agrícola en tiempo de vida y



tiempo muerto: el primero, época de lluvias, y el segundo, concebido como la temporada en que



‘la vegetación se muere y el campo descansa’”.



Detrás de la reflexión que las propias comunidades se han planteado sobre lo que es ser



pame, xi’iuy’ y xi’ói’, “está su preocupación por resaltar y decir que su territorio no es como



cualquier otro lugar sino que tiene significados, en él habitan entidades sagradas, y por tanto no



puede ser fragmentado”, concluyó Hugo Cotonieto.

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