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Noticias 2015-08-25 18:16

ARTURO FUENTES ‘EL CHATO’ RECIBIRA LA MEDALLA AL MERITO FOTOGRAFICO

Con 30 años de vivir para la fotografía



ARTURO FUENTES ‘EL CHATO’ RECIBIRÁ LA MEDALLA AL MÉRITO



FOTOGRÁFICO



*** El jurado que este año evaluó los perfiles de los candidatos reconoce en su obra una



propuesta vanguardista y personal que retoma los procesos antiguos



*** Compartirá con Alicia Ahumada y Elsa Medina la distinción que otorga el Sistema Nacional de



Fototecas del INAH



“Mi vida es perderme en el espacio”, dice Arturo Fuentes a modo de sentencia que resume 30



años de vivir para la fotografía. Desde antes ostentaba el apodo del “Chato”, probablemente por



su nariz roma que recuerda la de un chucho y porque comparte con éste tres cualidades:



curiosidad, atracción por el camino y una visión periférica mejor que la de una persona promedio.



Este maestro de la lente, que nació en la víspera del Día de la Independencia de 1953, ha



sido un “pata de perro” de siempre: “Andar por la calle, por toda la Ciudad de México, era ver sus



panorámicas sin haber pensado nunca que iba yo a captarlas años más tarde. A lo mejor ya



estaban ahí guardaditas para cuando llegara la fotografía”.



Rebeca Monroy y Ernesto Peñaloza, investigadores y críticos de la imagen, y el fotógrafo



Rubén Pax, otro maestro de este quehacer artístico, reconocen en la obra del “Chato” una



propuesta vanguardista y personal que retoma los procesos antiguos. Razón de peso para el



jurado que este año evaluó los perfiles de los candidatos a recibir la Medalla al Mérito Fotográfico.



El jueves 27 de agosto, en Pachuca, Hidalgo, ahora conocida como “Ciudad de Luz y



Plata”, acompañarán al “Chato” dos colegas por las que manifiesta una particular admiración:



Alicia Ahumada y Elsa Medina. Con ellas compartirá la distinción que otorga el Sistema Nacional



de Fototecas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).



Grandes bodegas en construcción estorbarán para siempre una de las panorámicas



favoritas del fotógrafo Arturo Fuentes. Desde el quinto piso donde está su refugio-estudio-cuarto



oscuro, aprovecha el tiempo y recrea su mirada con la vista que aún le queda del suroeste de la



ciudad y su imponente límite, la Sierra del Ajusco.



Entra a su laboratorio y lo primero que hace es quitarse el sombrero de fieltro gris y



coronar con él una de las doce cámaras panorámicas que ha ido coleccionando con el tiempo.



“Son una belleza”, comenta como un hombre enamorado mientras toma entre sus manos su Al-



vista favorita.



Cada una de ellas es una rara avis de la tecnología fotográfica. Inmersos en la vorágine de



disparos propia de la era digital, los tesoros de Arturo Fuentes, cámaras del siglo XIX de un solo



tiro, son un recordatorio de que la maestría requiere paciencia.



“Esa es la cosa: todos miramos a nuestro alrededor, pero no todos vemos”, dijo Josef



Koudelka —uno de los gurús del “Chato”— en una entrevista a Letras libres. Ése es otro orgullo



del “Chato”, no sabe cómo le hizo, pero consiguió que Koudelka visitara su estudio. “Aquí estuvo



viendo mi trabajo y regañándome.



“La lección más importante que me ha dado la fotografía es que el negativo se hace



positivo”, frase también de Koudelka aplicable a la vida de Arturo Fuentes, quien sucesivamente



dejó una posible vida como investigador (estudió sociología), un trabajo en la UAM y la relativa



seguridad que podría haberle dado ser fotógrafo de un periódico.



En sus estantes de libros prioritarios —donde figuran Le passé composé, que reúne



panorámicas tomadas por Jacques-Henri Lartigue, y varios más de autores como Robert



Mapplethorpe o el omnipresente Koudelka—, se sostienen retratos en los que “el Chato”, bohemio



de vocación, aparece sonriente y relajado con grandes del fotoperiodismo o la imagen a secas:



Carlos Jurado, Enrique Bordes Mangel, Rubén Pax, Héctor García.



Autodidacta riguroso en este campo, aprendió echando a perder rollos de sus compañeros



y forzado por la exigencia de ellos. Sus fotos de migrantes en la frontera México-Estados Unidos,



de cholos y chavos banda, del levantamiento del EZLN, de manifestaciones de trabajadores y



globalifóbicos llegaron a las páginas de diarios nacionales, colaboró para Reuters, AP, The New



York Times, El País…



Sin embargo, “hay un momento en que te das cuenta que la fotografía no es nada más 35



mm, revelar e imprimir: hay un camino grande por conocer. Todo ha sido picando piedra. La vida



te da muchos trancazos en la fotografía, pero los asumes y sigues adelante si te gusta”.



“El Chato” quería seguir los senderos inciertos y casi olvidados de la fotografía: “No me



preocupa la jubilación, sólo pienso en buscar imágenes cotidianamente. He encontrado cosas



bellas. Aprender estas técnicas del siglo XIX, los procesos antiguos del heliograbado, el



daguerrotipo, la cianotipia, el Van Dyke, Paladio/Platino… ¡Es increíble!”.



Desde hace diez años es un asistente asiduo al Taller de Gráfica y Heliograbado, de la



asociación Izote. El maestro Byron Brauchli le ha compartido los secretos de este proceso que lo



tiene “perplejo”. Para hacer una pieza fotográfica en esta técnica que emplea una aguatinta de



brea sobre placas de cobre, “te llevas casi dos semanas y para ver los resultados, un mes. Implica



siete u ocho pasos de revelado”.



“El Chato” muestra una panorámica donde el mundo privado de un departamento se revela



durante una tarde de luz transparente, su halo espectral es producto de la delicadeza y rango



tonal que hacen único el proceso heliográfico. Otra más y no menos irreal por su atmósfera, es el



panorama de una línea de playa interrumpida por la silueta de un caballo solitario.



Arturo Fuentes es un maestro que mantiene la humildad y la disposición del buen alumno;



además de Byron Brauchli, ha aprendido de otros grandes como John Goodman y Sandy King. Y



él mismo es profesor, paradójicamente, de fotografía digital. Al Faro de Oriente acuden personas



de todo tipo que tienen ese “gusano” por hacer “fotos con intención” y ahí interviene “el Chato”



para encaminarlos y “para que se ahorren los tropiezos que uno ha tenido”.



Los resultados son buenos y quien quiera constatarlo tiene la oportunidad de ver el trabajo



de 25 alumnos suyos en la exposición Miradas fotográficas, en el Centro Cultural de España en



México, que finalizará el 11 de octubre.



Arturo Fuentes todavía no sabe cómo explicarse la llegada de la foto a su vida, pero con



ella se fueron perdiendo los miedos y se encontró con el placer y la risa. “Fue un suceso muy



espontáneo y fuerte que me llenó interiormente”. “El Chato” tomará la Medalla al Mérito



Fotográfico con la entereza de quien sabe que se gana la vida haciendo lo que le gusta.

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