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Teatro 2026-08-24 23:18

LOS PERROS QUE SALVARON MI VIDA

LOS PERROS QUE SALVARON MI VIDA LLEGA A SU CUARTA TEMPORADA: CUANDO EL TEATRO SE CONVIERTE EN UN LUGAR PARA DESPEDIR, RECORDAR Y SEGUIR



Cuatro temporadas en menos de un año confirman el vínculo que Los perros que salvaron mi vida ha construido con espectadores que reconocen en la historia sus propias pérdidas, afectos y procesos de duelo.



Escrita y protagonizada por Alan Blasco, la puesta en escena parte de una experiencia autobiográfica para hablar de aquello que permanece cuando alguien que amamos ya no está.



La dimensión social de la obra continuará esta temporada con el apoyo a La Fundación El Amor de Atenas y el Refugio Dejando Huella, así como con acciones destinadas a favorecer la adopción responsable.



Una joven se acercó a Alan Blasco después de una función de Los perros que salvaron mi vida. Estaba profundamente conmovida. Poco antes había tenido que despedirse de su perro, su compañero, y había llegado al teatro sin saber demasiado sobre la obra.



Su perro se llamaba Rufo.



El mismo nombre del perro que acompaña la historia sobre el escenario.



Para aquella espectadora, la función terminó convirtiéndose en algo que no esperaba: la despedida que no había podido tener.



“Nos dijo que habíamos sido esa despedida que no pudo tener con su amigo Rufo. Ahí entendí que a veces el teatro sirve para decir esas palabras que, por la prisa de la vida, no tuvimos oportunidad de pronunciar. Se vuelve un ritual, un acto de comunión en donde todos podemos duelar; quizá puede ser ese bálsamo, esas palabras o ese abrazo que no hubo tiempo de dar”, recuerda Alan Blasco.



Historias como ésta han acompañado el recorrido de una puesta en escena que, del 25 de agosto al 15 de septiembre de 2026, iniciará su cuarta temporada en menos de un año, con funciones los martes a las 20:30 h en El Círculo Teatral.



Más allá de la permanencia en cartelera, para Blasco el verdadero indicio de que la obra ha encontrado un lugar entre el público está en aquello que ocurre al finalizar cada representación.



“Uno se da cuenta de que el mensaje está llegando cuando ves a cientos de personas conmovidas. El teatro hace ese maravilloso espejeo en donde todos podemos encontrar un momento, una circunstancia o un ser reflejado en la historia. Creo que no habría conmoción si no existiera identificación; y eso quiere decir que ha habido cientos de identificaciones”.



UNA OBRA QUE NO NACIÓ PARA SER TEATRO



Los perros que salvaron mi vida tampoco comenzó con la intención de convertirse en una puesta en escena.



Alan Blasco escribió el texto mientras atravesaba un proceso de duelo. Originalmente formaría parte de una publicación narrativa y sólo posteriormente surgió la posibilidad de llevar aquella experiencia personal al escenario.



“Ni siquiera la escribí pensando que iba a ser una obra de teatro. Cuando comenzamos a adaptarla y escenificarla, para mí era casi un ejercicio psicodramático: poder transmutar, transformar los dolores y convertirlos en hermosas flores”.



A diferencia de otros proyectos en los que las necesidades de producción pueden obligarlo a pensar desde el inicio en géneros, públicos o circuitos comerciales, aquí el punto de partida fue otro: la necesidad de atravesar una pérdida con honestidad.



“No estaba pensando en ser taquillero ni en encontrar el hilo negro. Tuve un equipo maravilloso que abrazó todos los dolores que estaba atravesando. Creo que desde ese desnudo y esa honestidad aparece la posibilidad de que otros se espejeen en algún momento de la pieza. Aunque no ames particularmente a los animales, todos hemos vivido pérdidas”.



La historia es conducida desde la mirada de Rufo, un perro mestizo inspirado en Medusa, la compañera real de Blasco. Desde su inocencia y su manera de amar sin condiciones, el público acompaña a Aarón, alter ego del autor, en un recorrido atravesado por la ausencia, la memoria y la necesidad de reconstruirse. La puesta apuesta por una teatralidad íntima en la que palabra, cuerpo, música y silencio acompañan ese recorrido emocional.



VOLVER A LA TERNURA



Interpretar la misma historia durante cuatro temporadas tampoco significa repetirla.



El encuentro con distintos públicos y el propio paso del tiempo han modificado la relación de Alan Blasco con un texto nacido en uno de sus momentos más vulnerables.



“Es una pieza que todo el tiempo me invita a conectar con la inocencia y con la ternura. Y eso suaviza el corazón en tiempos tan duros como los que estamos viviendo”.



Para el autor e intérprete, las obras adquieren también una vida que termina por superar las intenciones con las que fueron creadas.



“Creo que los proyectos tienen su propia vida, su personalidad y su propio pulso. Los perros no ha sido la excepción. La obra me sigue diciendo: toma tu dolor, transfórmalo y sigue caminando, honrando este mundo”.



En ese tránsito se encuentra una de las razones por las que la pieza continúa dialogando con espectadores distintos. No propone una fórmula para superar la ausencia ni intenta esconderla. Plantea, en cambio, la posibilidad de compartirla.



“Para mí seguirá siendo una manera de seguir duelando y de compartir lo que habita en mi jardín. Que a través de mis vivencias alguien pueda espejearse y decir: ‘ah, no solamente se trata de mí; otros también han atravesado esto’”.



CUANDO LO QUE SUCEDE EN ESCENA SALE DEL TEATRO



El vínculo con los animales que dio origen a la historia ha encontrado además una consecuencia concreta fuera del escenario.



Desde sus temporadas anteriores, la puesta mantiene colaboración con La Fundación El Amor de Atenas y el Refugio Dejando Huella, relación que originalmente buscaba visibilizar el rescate y cuidado de animales en situación vulnerable.



La respuesta del público ha permitido reunir cientos de kilos de alimento y contribuir económicamente a concluir espacios de resguardo para los más de 65 perros que actualmente viven en el albergue.



En esta cuarta temporada el énfasis estará especialmente puesto en la adopción responsable. Algunos perros acudirán a determinadas funciones para ser conocidos por los espectadores y, sobre todo, para que sus fotografías e historias circulen más allá del teatro y aumenten sus posibilidades de encontrar una familia.



La intención es sencilla: que la emoción despertada por una historia no termine necesariamente cuando cae el telón.



Durante la temporada también continuará el 30% de descuento en el boleto para quienes lleven más de dos kilos de alimento o apoyo en especie. Al término de las funciones podrán adquirirse pulseras con un costo de $250, de los cuales $200 se destinan directamente al refugio.



Para Alan Blasco, que una historia surgida de un proceso personal haya llegado a este punto sigue siendo inesperado.



“Nunca imaginé que iba a llegar siquiera a la primera temporada, mucho menos que conectaría así con el público y que terminaría convirtiéndose en una razón social tangible. Hoy hay más de 65 perros que están siendo beneficiados. Una cuarta temporada en menos de un año significa que algo estamos haciendo bien y, para mí, esto apenas está empezando”.



Los perros que salvaron mi vida es una historia sobre animales, pero también sobre algo profundamente humano: qué hacemos con el amor cuando aquello o aquel a quien amamos ya no está.



Quizá por eso continúa encontrando espectadores.



Porque algunas pérdidas son individuales, pero el acto de recordarlas no necesariamente tiene que vivirse en soledad.







CUARTA TEMPORADA



LOS PERROS QUE SALVARON MI VIDA



Dramaturgia e interpretación: Alan Blasco

Dirección: Estefanía Norato y Abigail Pulido

Música original: Ana Tiaré

Escenografía: Edgar Mora



Temporada: del 25 de agosto al 15 de septiembre de 2026

Funciones: martes 25 de agosto; 1, 8 y 15 de septiembre

Horario: 20:30 h

Lugar: El Círculo Teatral

Duración: 85 minutos, sin intermedio

Boleto general: $500

Descuento: 30% para estudiantes, maestros e INAPAM

Boletos: losperrosquesalvaronmivida.boletopolis.com



Acción con causa: 30% de descuento al presentar más de dos kilos de alimento o apoyo en especie. Pulsera conmemorativa: $250; $200 se destinan directamente al refugio.



En colaboración con:

La Fundación El Amor de Atenas

Refugio Dejando Huella

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