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Museos 2015-09-10 16:27

RESCATAN SITIO DE PINTURAS RUPESTRES EN GUERRERO

RESCATAN SITIO DE PINTURAS RUPESTRES EN GUERRERO



*** Especialistas del INAH concluyeron las labores de restauración del rico conjunto pictórico en



el interior de la cueva de Oxtotitlán, con la participación de la comunidad



*** A lo largo de 12 años, se trabajó en la recuperación de la iconografía de filiación olmeca, de



2,500 años de antigüedad, vinculada con ritos de fertilidad



Luego de 12 años de trabajo en el proyecto de conservación integral del sitio de pinturas



rupestres de Oxtotitlán, en la comunidad de Acatlán, del municipio de Chilapa de Álvarez, en la



Montaña Baja de Guerrero, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)



concluyeron las labores de restauración de este rico conjunto pictórico en el interior de una



cueva caliza, con la participación entusiasta de la comunidad.



De este modo, se cierra una experiencia de labores conjuntas entre el Instituto y la



comunidad, que inició en 2003 y permite admirar de nueva cuenta los 10 paneles de pintura



rupestre localizados en el interior de esa cavidad con dos grutas de 20 metros de longitud; ahí,



grupos de filiación olmeca plasmaron hace 2,500 años un discurso iconográfico vinculado a ritos



de fertilidad y petición de lluvia.



Pionero en su tipo, este trabajo se convirtió en modelo de corresponsabilidad entre el



INAH, las autoridades estatal y municipal, y la comunidad para salvaguardar un sitio rupestre,



expresó la restauradora Sandra Cruz Flores, durante la ceremonia en la que se presentó la



conclusión del proyecto “Oxtotitlán, 12 años de esfuerzos compartidos”, en la Coordinación



Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH.



La cueva está integrada por dos grutas, cada una con cuatro paneles o paredes de



pintura rupestre y un frente rocoso central donde se encuentran dos dibujos; uno de ellos



representa al personaje principal y tiene una altura de 10 metros.



En la gruta norte se ubican los trazados más antiguos, monocromos o bicromos (negro y



rojo), con una iconografía más clara en términos de filiación olmeca y de mayor formato, los



cuales representan jaguares y otras figuras antropomorfas y fitomorfas.



Luego de un pequeño estrechamiento de la cueva, se llega a la gruta sur, donde hay



cuatro paneles de pinturas con diseños de formato menor, de 10 cm a medio metro, de color rojo



y estilo abstracto. En cuanto al grupo central, está integrado por dos paneles; el principal tiene



un personaje de cuatro metros de altura, con una paleta cromática diversa: blanco, verde, rojo,



ocre, amarillo, etcétera.



Se trata de una figura antropomorfa sentada sobre un trono que representa al monstruo



de la tierra con un tocado en forma de ave, cuyas fauces simbolizarían la entrada a la cueva, que



en la cosmovisión mesoamericana es el ingreso al inframundo. “Todos estos elementos nos



remiten a un discurso de petición de lluvia y fertilidad”.



El sitio se ubica en la ladera de un cerro. Eminentemente agrícola, su población nahua



mantiene una fuerte relación con la naturaleza, su patrimonio y sus tradiciones. La caverna es



parte de un asentamiento prehispánico con estructuras de uso civil y administrativo, cubierto por



la maleza; lo único visible es la cueva con pintura rupestre.



Tras diagnosticar varios puntos arqueológicos de Guerrero en 2002, se seleccionó



Oxtotitlán por su alta significación y nivel de afectación. El objetivo: redignificar la cueva,



andadores y plataformas de acceso, deteriorados por el grafiti y la acumulación de basura, que



sumados a la acción de la intemperie dañaron las pinturas, ocultas detrás de una serie de



manchas.



En 2004, la organización World Monuments Watch incluyó el sitio en la Lista de



Patrimonio Mundial en Peligro. Sandra Cruz señaló los tres criterios básicos para ser registrados:



tener alto significado cultural y relevante para entender el pasado de la región; tener un proceso



grave de afectación y que su recuperación sea viable. Por ello, el INAH aplicó medidas urgentes



para evitar su pérdida.



El diagnóstico se realizó con el apoyo de David Grove, arqueólogo estadounidense que



en los años 60 registró el sitio. “Nos facilitó sus fotografías y nos acompañó en una visita inicial.



Nos decía: ‘Atrás de esta mancha de sales hay tal elemento’. Nos orientó mucho porque la



caverna es compleja y las alteraciones eran tremendas”.



A partir de esta evaluación, se identificaron los dibujos que estaban detrás de una serie



de capas blancas, negras, microorganismos y grafiti, y con el trabajo voluntario de la comunidad



se saneó el sitio mediante jornadas de limpieza. En la segunda etapa, los especialistas del INAH



intervinieron las pinturas.



La cueva está protegida por una cerca perimetral. Además, el ayuntamiento vigila el sitio



permanentemente y lo dota de infraestructura básica para la visita, como áreas de descanso,



bancas, baños ecológicos y señalización. Dentro del área de protección hay una ladera con



vegetación típica de la región, y dados los conocimientos herbolarios de la población, se



determinó crear un jardín etnobotánico, comentó Sandra Cruz Flores.



En 2005 se instituyó el Comité de Preservación del Patrimonio Cultural de Acatlán como



organismo coadyuvante del INAH, el cual recibió capacitación sobre mantenimiento,



conservación preventiva, protección y atención a visitantes, por parte de la CNCPC, para



preservar el sitio.



Asimismo, se creó el grupo infantil Cuidadores de Oxtotitlán, como una manera de



inculcar en los niños el apego a su cultura; además, se está creando el plan de manejo y gestión del lugar, para asegurar el mantenimiento de las acciones de conservación a largo plazo, con la



participación de los grupos comunitarios y del Centro INAH Guerrero.



Acatlán y otras poblaciones cercanas siguen representando los rituales de peleas de



tigres o jaguares en la cueva, como parte de una ceremonia de petición de lluvias, sobre todo a



principios de mayo durante las fiestas de la Santa Cruz. “Este proyecto modelo sentó las bases



para todo lo que ahora estamos desarrollando en el programa de atención a sitios rupestres y



que implicó la participación de restauradores, arqueólogos, historiadores, biólogos, arquitectos,



ingenieros de minas, entre otros especialistas y, desde luego, la comunidad”, concluyó Sandra



Cruz.

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