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Noticias 2015-10-18 20:11

Héctor Azar, un Zoon Theatrykón

En el marco del 85 aniversario de su natalicio



Durante más de 50 años recorrió los escenarios. Dirigió más



de un centenar de obras y como dramaturgo dejó 26 piezas



El maestro poblano fue un creador de nuevas formas



dramáticas: Víctor Hugo Rascón Banda



Héctor Azar (Atlixco, Puebla, 17 de octubre de 1930 – Ciudad de



México, 11 de mayo de 2000) se definía a sí mismo, parafraseando a



Aristóteles, como un animal teatral, un Zoon Theatrykón y es que en



realidad lo fue, pues al teatro se dedicó como dramaturgo, director de



escena, formador de actores y promotor.



Su nombre es una presencia indiscutible en el teatro y la cultura



nacional, pues durante más de 50 años recorrió los escenarios



teatrales y culturales en los que dejó su huella. Como director llevó a



escena más de un centenar de obras y como dramaturgo dejó 26



piezas.



Como promotor teatral se le debe la creación de instituciones



como Teatro en Coapa, el Centro Universitario de Teatro, la Compañía



de Teatro Universitario, la Compañía Nacional de Teatro, el Foro



Isabelino y el Centro de Arte Dramático (CADAC).



Realizó estudios de Derecho y la maestría en Letras en la



Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tras lo cual



dedicó su vida al teatro, al cual concebía “como la ocasión magnífica



de comunicarme con mis semejantes. Por medio del teatro me interno



en las cosas de la vida y pretendo, también con los recursos que el



teatro me concede, interesarme en ellas e interesar a los demás. La



existencia me resulta más digna de ser vivida”.



Por ello, el crítico teatral Fernando de Ita, en el prólogo del libro



Héctor Azar. El inventor de magias, asegura que “fue sobre todo un



zoon theatrikón, un animal teatral que rumiaba teatro, soñaba teatro,



vivía para el teatro, al que veía como la suma de las artes y como el



medio más eficaz para honrar la tradición, cultivarla y transformarla”.



Como señala Luisa Bonilla en un artículo dedicado al maestro,



publicado en la revista Letras Libres en el año 2000, “la pasión



verdadera de Héctor Azar fue el teatro. Su legado es inmenso: como



autor quedarán Apaassionata, Inmaculada y Olímpica; como maestro,



su labor en la creación del teatro universitario y, como herencia,



CADAC, esa noble institución destinada a la iniciación y difusión del



duro arte de la dramaturgia”.



En 1958, Héctor Azar fue becario del Centro Mexicano de



Escritores, donde coincidió con Carlos Fuentes, Luis Rius, Elena



Poniatowska y Juan García Ponce, y escribió su primera obra teatral,



La appassionata, que se basa en la historia de una familia entera



asesinada por la propia madre.







Su dramaturgia incluye títulos como Olímpica (1962); Inmaculada



(1972); Higiene de los placeres y de los dolores (experiencia de



muertos que se han ido), de 1968; La cantata de los emigrantes (1972)



y Diálogos de la clase medium (1979), además de El premio de



excelencia, La copa de plata, La paz (paráfrasis de Aristófanes), La



seda mágica y Las vacas flacas.



De acuerdo con otro hombre de teatro, Víctor Hugo Rascón



Banda, con estas obras el maestro Azar “enriqueció nuestro teatro, lo



volvió moderno, lo alejó del costumbrismo de los años 70 y lo



transformó; nos ha enseñado a respetar el escenario y a respetarnos a



nosotros mismos, a no ser complacientes”.



La dramaturgia del poblano, agregaba, es única pues “en ella



encontramos lo popular elevado a niveles artísticos y filosóficos. El



humor, el sarcasmo y la poesía permean toda su obra, poblada de



personajes insólitos en su grandeza y en su miseria. Explorador de la



farsa, del autosacramental y de la tragedia, indagador de géneros y



estilos, experimentador por excelencia y creador de nuevas formas



dramáticas”.



En el escenario del mundo que le tocó vivir, señalaba Guillermo



Vega Zaragoza en el artículo Héctor Azar. Hombre eterno del instante



escénico publicado en la Revista de la Universidad de México, “en



este México que conoció, retrató y reflejó en sus obras y montajes,



Héctor Azar se distinguió además por su vocación de maestro, guía y



orientador de los jóvenes que amaban el teatro”.



Y es que en 1975 creó el Centro de Arte Dramático A.C., el



CADAC, que a 40 años de distancia se ha mantenido como un espacio



de plena libertad creativa y servicio cultural para la sociedad,



ofreciendo talleres y cursos a niños, adolescentes, trabajadores,



estudiantes, amas de casa, por donde han pasado más de 15 mil



alumnos.



Carlos Azar Manzur, hijo del maestro poblano, ha comentado



que “desde su base, el CADAC ha atendido la formación de niños y



adolescentes a partir del arte, no para que se conviertan en actores



inmediatos y fugaces, sino para que por medio del teatro alcancen un



mejor desarrollo”.



Este centro, agrega, nació como un espacio para la



experimentación teatral, “porque su fundador estaba convencido de



que un país, cuyas experiencias teatrales se limitan a lo que sucede



arriba del escenario, sin poner énfasis en la educación y en la



búsqueda de nuevas formas, está limitado”.



La pasión de Héctor Azar por el teatro, lo llevó a desempeñarse



como jefe del Departamento de Teatro de la UNAM y jefe del



Departamento de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA),



además de haber sido director de la Casa del Lago y secretario de



Cultura de Puebla, donde fundó la Compañía Estatal de Teatro y la



Orquesta Sinfónica de la entidad.



Su producción escrita incluye otros géneros además de la



dramaturgia y como teórico de los asuntos ligados al teatro escribió





Zoon theatrykón (1977), donde concibe el teatro como parte de la



teoría de conjuntos, y Funciones teatrales (1982), así como los



ensayos La universidad y el teatro (1970), Teatro y educación (1971)



y Cómo acercarse al teatro (1988).



En sus comienzos como escritor hizo libros de poesía como



Ventanas de Francia (1951), Estancias (1951) y Días santos (1954),



mientras que en novela publicó Las tres primeras personas en 1977 y



también realizó adaptaciones teatrales de otros géneros literarios y



traducciones de Charles Baudelaire y Paul Claudel.



Por su labor, Héctor Azar recibió distintos reconocimientos como



el Premio Xavier Villaurrutia al teatro estudiantil en cuatro ocasiones,



el Primer Premio del Festival Mundial de Teatro Universitario en



Nancy, Francia, Las Palmas Académicas que otorga el gobierno



francés, el Premio Universidad Nacional en 1987, la medalla



Nezahualcóyotl de la Sociedad de Escritores de México, la Orden del



Cedro de la República de Líbano y la Medalla Sánchez Duarte de la



República Dominicana, además del doctorado Honoris Causa de la



Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.



Adicionalmente, fue miembro de la Sociedad Mexicana de



Geografía y Estadística, de la Academia Nacional de Arquitectura, del



Seminario de Cultura Mexicana y de la Academia Mexicana de la



Lengua.



Héctor Azar falleció el 11 de mayo del 2000 y apenas en 2012,



fue editado el libro Héctor Azar. El inventor de magias, que incluye



textos de catorce autores, más de 30 fotografías y un inédito del propio



Azar.



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