El territorio mexicano está plagado de lugares tristemente célebres donde las desapariciones forzadas han sido algo corriente desde el inicio de la guerra que desde principios de la década pasada ha precipitado al país en un océano de violencia y degradación. En este contexto, miles de familias mutiladas, rotas frente a al más desolador de los silencios, buscan a sus seres queridos en el mapa confuso de territorios sin fronteras demasiado claras, y de instituciones gubernamentales y grupos criminales cuyas divisiones se desdibujan hasta perderse.